jueves, 27 de agosto de 2015

MUNRO Alice, Demasiada felicidad

               Lumen, Barcelona, 2010.    (Propiedad de la BUC Ex Novela 480)      
             
            Nadie hubiera apostado a que esta ama de casa madre de 2 niñas, que escribía en ratos libres en el cuarto de la plancha, ganaría el Premio Nobel de Literatura de 2013. Lo consigue a los 82 años con un género considerado por algunos como menor, el relato breve, por el que ha sido valorada como la “Chéjov canadiense”.

            Alice Munro (Ontario, 1931) se ha ganado a pulso el reconocimiento de la crítica y la difusión entre el gran público de forma gradual e imparable. Lo ha hecho con modestia, por la calidad de su escritura realista y a la vez llena de extrañeza; porque quien la lee una vez, repite.

        Ya me había llamado la atención esta escritora por su franqueza inusual en El progreso del amor, otra colección de sus cuentos comentada en este blog; ahora me ha conmovido. Hacía tiempo que no me impactaba tanto un libro. Cierto que en ello influye el momento en que hacemos la lectura, pero también hay razones de peso vinculadas a una temática y a una forma de narrar.

            Demasiada felicidad agrupa 10 relatos. El título del libro es el del último cuento, la historia, bastante triste, de una pionera matemática rusa de finales del siglo XIX. Tiene pues un sentido irónico porque, ni en éste ni en ninguno de los restantes, sobra la felicidad, sino todo lo contrario. Son historias protagonizadas en su mayoría por mujeres corrientes que viven acontecimientos penosos y se comportan de modo desconcertante: la madre que va visitar a la cárcel al marido que ha matado a sus tres hijos, tratando de explicarse el crimen y a sí misma; la mujer sola que recibe en su casa a quien sabe que es un asesino; amigas colegialas que exhiben su crueldad contra una compañera porque les disgusta su cara. Historias terribles que sabemos que ocurren a nuestro alrededor. Personas capaces de crear el horror o, por el contrario, ser sus víctimas y, en ambos casos, sobreponerse a los hechos, seguir viviendo su vida marcada; seres humanos incombustibles a quienes no vence la derrota.

            Munro, maestra del realismo, artífice de un estilo falsamente espontáneo, encuentra en el entorno suficiente material valioso para su obra: observa la realidad y a la gente normal con microscopio y disecciona los pensamientos y los sentimientos con un bisturí implacable que corta por lo sano. También sorprende la insólita sinceridad de lo que dicen y sus diálogos a bocajarro. Relatos crudos que retratan vidas cotidianas en las que la escritora introduce como al paso, sin darle mayor importancia, un elemento escalofriante. Asombra la hondura en el análisis de los hechos y de las reacciones a los mismos y que no juzga. Esas me parecen las claves de su escritura.

            La obra no me ha interesado por su dureza extremada ni porque me identifique con los personajes, sino por la sugestiva manera de contar la vida y esa permanente frustración de nuestros anhelos. Un continuum denso en el lenguaje directo y, al tiempo, abundante en elipsis, donde lo que no se dice importa tanto como lo que se dice.

           Un ejemplo de la franqueza aludida de su estilo es la réplica del joven Ken, al que su madre, Sally, no ve desde hace años:



            Mi vida, mi vida, mi evolución, qué podría descubrir de mi asqueroso yo. Mis metas. Mis gilipolleces. Mi espiritualidad, mi intelectualidad. No hay nada dentro, Sally. ¿Te importa que te llame Sally? Me resulta más fácil. Lo único que hay es lo de fuera, lo que haces, todos y cada uno de los momentos de tu vida. Desde que me di cuenta de eso soy feliz. (p. 130)

miércoles, 15 de julio de 2015

VASCONCELOS José Mauro de, "Mi planta de naranja lima"

 (Libros del Asteroide, Barcelona, 2011 (1ª ed. 1968) (BUC LHg, Extrabuc. VAS, J )

Este relato de infancia con tintes autobiográficos es la obra más famosa de su autor y figura entre las más reconocidas de la literatura brasileña.

  Escritor autodidacta, nació en 1920, en Bangú, Río de Janeiro, y murió en 1984, en Sao Paulo (Brasil). Pasó por muy diferentes oficios: entrenador de boxeo, trabajador en haciendas, pescador, actor y maestro e indagó a fondo en la historia y las tradiciones de su país. Hijo de madre india y padre portugués, convivió con los garimpeiros, los indios y otros sectores oprimidos. Se inició como cuentista oral hasta lograr convertirse en un escritor consagrado con una veintena de libros.

  De esta novela corta habla Román López Tamés en su afortunada Introducción a la Literatura Infantil (1985). La destaca como obra pionera y un buen exponente de la narrativa iberoamericana en busca de su propia voz, desde sus circunstancias propias, muy diferentes a las de Europa. Por eso, tenía muchas ganas y curiosidad por leerla pero resultaba ilocalizable, así que han pasado nada menos que treinta años para encontrarme con ella.

El niño Zezé vive en la mayor de las pobrezas, como tantos otros de su entorno, pero esas condiciones difíciles de supervivencia no le privan de una notable imaginación y de una inteligencia que se manifiesta especialmente dotada para el lenguaje. Fascinado por las palabras, aprende a leer él solo a los cinco años y exhibe unas ganas inmensas de explorar y vivir. Parlotea y juega con su amigo imaginario, el arbolito de naranja lima, despliega mimos y atenciones increíbles en el cuidado de su hermanito pequeño y nos asombra por su velocidad en los aprendizajes.

No faltan quienes aprecian sus ocurrencias verbales y le protegen por sus alocadas travesuras: el tío Edmundo, su hermana Glória, el acaudalado Portuga, el coplero Ariovaldo, su maestra Cecilia. Sin embargo, las penurias marcan el día a día y son demasiadas las preguntas que no encuentran respuesta. Frío, hambre, ningún juguete; rabia y amargura en la odiosa comparación con los felices niños ricos. Lo que más le duele es la falta de ternura: ni hermanos ni amigos suplen la distancia afectiva que le impone su papá, amargado por la falta de trabajo; nadie puede curar a este bambino desolado ante la paliza brutal de un padre que confunde la inocencia del niño con la falta de respeto. Y es que la ignorancia se manifiesta como una de las mayores carencias, es sin duda una de las peores cadenas del ser humano. Por eso, nos da casi tanta pena el padre como el hijo.

Un libro lleno de lirismo y de sonrisas tristes. El mundo desde la memoria del escritor adulto en la mirada asombrada y curiosa del niño al que las injustas circunstancias sociales hacen madurar a marchas forzadas. Se lee con facilidad, es hermoso en su sencillez, pero quizás está, en mi opinión, algo sobrevalorado.

Su hermano Totoca le dice: “creo que el Niño Jesús sólo quiso nacer pobre para exhibirse” (pág. 51) y su hermana Glória, tras la triste cena de Navidad, “tenía los ojos rojos, como si hubiera llorado desconsoladamente.
  Disimuló, y nos dijo a Totoca y a mí:
-  Es hora de que los niños se vayan a la cama.
 Decía eso y nos miraba. Sabía que en aquel momento ya no había niños allí. Todos eran mayores, mayores y tristes, y cenaban la misma tristeza en pedazos.” (págs. 52-53).


martes, 16 de junio de 2015

LLORAMOS A MARTA DEL ARCO


            Marta se sentó en la escalera de acceso al escenario. Eran las seis de la tarde y ensayábamos. Creímos que era un leve mareo debido al calor, demasiado bochorno. Esto puede ser algo serio, dice Miriam que es enfermera: Llamo ahora mismo al 112. Llega enseguida la ambulancia. Como un mal presagio, estalla la tormenta, arrecia la lluvia y la escoba de un viento furioso barre las calles del pueblo, mientras vemos cómo nos la llevan. Traslado al Hospital Clínico de Valladolid, donde ingresa en estado crítico con un derrame cerebral de fuerza imparable. Ya no la volvimos a ver. Se hizo todo lo posible por ella, pero nada se podía hacer. Fallece a la mañana siguiente.
            Sentados en las escaleras de piedra de la plaza de Torrelobatón, junto a los compañeros de La Barbacana, frente al hermoso castillo de los rebeldes comuneros, habíamos compartido bocata y unas cañas un par de horas antes del ensayo general, tan felices. Ilusionados con la representación prevista para la noche, no podíamos sospechar, ¡ilusos!, que la Parca acechaba en la sombra a nuestra querida Marta y nos iba a sumir en un enorme dolor del que nos va a costar recuperarnos. Son las ocho cuando me telefonea Álvaro desde la UCI: malísimas noticias. Alarma general. De la preocupación al estupor y de ahí a la desolación absoluta. Se suspende la función. Todo se vuelve oscuridad. Descenso a los infiernos. Nadie habla. No hay palabras para esto.
            La Muerte con su hacha homicida siempre aflige, pero cuando ataca de repente nos deja sin aliento y no salimos de la rabia porque no le toca, porque llega muy antes de tiempo. ¡Maldita seas, ladrona! Nos la has robado sin darnos ocasión de decirle una vez más cuánto la queríamos. Y es que cómo era Marta: buena profesora, inteligente, simpática, generosa, sencilla, atenta a todo, siempre disponible... Cada uno de nosotros añadiría cualidades en su recuerdo. Y lo mejor es que son verdad. Una persona limpia con la que todo resultaba fácil y que en esta sociedad, enferma de corrupción y con una débil conciencia moral y cívica, buscaba con ilusión la cultura y el pensamiento críticos, trabajaba para cambiar las cosas y era fiel a sus compromisos.
            Marta del Arco se integró en el proyecto de Unos Cuantos desde la primera Asamblea en el Villajunco. Se sumó a la estupenda acogida que nos ofreció la Dirección del Instituto y, desde aquel final del año 2012 hasta este fatídico domingo 7 de junio de 2015, pudimos disfrutar de un eficaz vínculo con el Centro, al ser ella Presidenta de la AMPA y, asimismo, de una increíble actriz vocacional, que crecía con cada papel. Y fueron bastantes. En “Teatro en crisis”, “Brotes verdes” y la escena contra la Ley Mordaza: inmigrante sin papeles, parada, ministra de educación, turista ocasional, cuidadora de ancianas… Tuve la suerte de interpretar con ella dos escenas en las que me cuidaba, “y muy bien la verdad”. Marta ya nunca más podrá cuidarme en las tablas. Me gustaría que existiera el cielo eterno para poder cuidarla yo allí ahora. Un teatro en el firmamento para reírnos juntas, bailar La Cucaracha y volver a tener nuestras manos enlazadas.

            Quisiera poder compartir el dolor con todos sus seres queridos, los familiares, l@s much@s amig@s de la Escuela Oficial de Idiomas y de toda Cantabria, y consolarme con ellos reviviendo la alegría de Marta. Descubrir alguna palabra que le valiera a Elena, su hermana gemela, para encontrar la fuerza de vivir sin su doble, indisoluble parte de sí misma. Reconfortar el ánimo de su marido Jeremy que se sentirá tan desamparado sin ella. Alentar a su hijo David para que acierte con la piedra en la cabeza de Goliat, para que su valentía pueda vencer al gigante del desánimo. Aunque seas muy joven, puedes ayudar mucho a tu hermana Olivia en el inmenso desconsuelo, recrear juntos la memoria de vuestra madre que no morirá nunca, porque vivirá mil veces en el recuerdo de todos los que la hemos conocido. 

jueves, 23 de abril de 2015

DÍA DEL LIBRO 2015

     Leer nos parece una milagrosa forma de soñar para encontrar amigos imposibles, viajar más allá de nuestras limitadas fantasías y divertirnos con aventuras prohibidas. La pluma de los buenos escritores nos desvela misterios que nunca descubriríamos sin su ayuda y nos regala linternas para iluminar el camino de la vida.

     Quienes hemos descubierto la literatura como placer, y como vicio, queremos compartirlo con vosotras. Seguro que todas coincidimos en que es una verdadera pena que otras se lo pierdan y no cejamos en el empeño de invitarles a conocer ese maravilloso universo de ficción, en el que nos refugiamos de un mundo hostil o donde buscamos respuestas a tantas preguntas. Porque, además, la literatura, resulta muy entretenida, así que, sin renunciar a otras distracciones, no podemos pasar sin ella. 

     Para esta ocasión del Día del Libro, los miembros del Taller de Literatura de Quima hemos escrito unos textos animadores a la lectura en los que utilizamos como recurso una intencionada acumulación de frases hechas. A mí se me ha ocurrido esta pequeña broma:

     SOY un libro abierto. Si lo que quieres es no pensar, pasa de largo.

     Pero,


     Si no quieres dejar tu suerte a la buena de Dios, hablar por hablar o ser un cabeza de turco,
     Si no quieres parecer un pobre diablo, una veleta o una marioneta,
     Si no quieres ser un tonto de capirote, un pardillo o un cabeza de chorlito,
   Si no quieres andar a la caza de grillos, marear la perdiz o comulgar con ruedas de molino,
     Si no quieres dar palos de ciego, que te tomen por el pito del sereno o que te la den con queso,
     Si no quieres que se te suban a las barbas, te traten como a un trapo o te hagan la cama,
     Si no quieres ser un muermo, aburrirte como una ostra y no comerte una rosca.

Y,

     Si pretendes saber lo que vale un peine y quieres verlas venir,
    Si quieres dar en el clavo y cortar el bacalao,
    Si quieres sacarle jugo a la vida o renacer de las cenizas,
    Si quieres llorar a mares o partirte de risa,
    Si quieres arrimar el hombro con otros y ponerte el mundo por montera,
    Si aspiras a convencer y no sólo a vencer, aprende a conjugar el verbo leer.

   
    Piensa que quien tiene un libro tiene un amigo, y quien tiene un amigo tiene un tesoro, así que puedes hacerte rico de una sentada y sin dar un palo al agua.

     Y para ir abriendo boca y que todo funcione a pedir de boca te invito a releer o descubrir las páginas de la biblioteca de Quima con historias memorables que te harán la boca agua: “La Regenta” de Clarín, Madame Bovary de Flaubert, “La metamorfosis” de Kafka, “Campos de Castilla” de Machado, “Romancero gitano” de Lorca, ”Los santos inocentes” de Miguel Delibes, “Las cenizas de Ángela” de Frank McCourt, “Conversación en la catedral” de Vargas Llosa, “La historia interminable” de Michael Ende, “La sombra del viento” de Carlos Ruiz Zafón, etcétera, etcétera, etcétera.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

"UMBERTO D." DE VITTORIO DE SICA


               Esta película es la tercera de la trilogía neorrealista del gran director italiano y se estrenó en 1952. Menos conocida que Ladrón de bicicletas y Milagro en Milán, o la que fuera la pieza inaugural de este movimiento cinematográfico de la posguerra, Roma: città aperta de Rosellini (1945). No había tenido nunca oportunidad de verla y me ha emocionado tanto como las otras.

               Cuenta los apuros de un jubilado que intenta vivir en la capital romana con su miserable pensión. El dinero no le alcanza ni para pagar el alquiler de la habitación, de modo que la deuda mensual crece inexorable a la par que la amenaza de desahucio.

                Al protagonista le cuesta creer que esto pueda sucederle a él, después de toda una vida trabajando como funcionario respetado y respetable que siempre ha pagado los impuestos y le resulta inverosímil que puedan echarle a la calle por unos miles de liras de atraso cuando ha abonado el alquiler durante más de treinta años. Lo primero forma parte de la humillación personal de un nuevo sector marginal, lo segundo pertenece a la legalidad de la injusticia que se ha impuesto en el capitalismo. Ambas ataques son lacerantes y ante ellos se encuentra completamente indefenso.

               El guión, en colaboración con Cesare Zavattini y nominado para el Oscar, pone de relieve la situación de los ancianos que son vistos como una carga en una ciudad decadente que todavía se está lamiendo las heridas de la Segunda Guerra Mundial. Y hoy nos conmueve más si cabe porque esta historia individual trasciende más allá de la época, ya que el drama de los desahucios y el llegar a fin de mes de los jubilados que cobran míseras pensiones, o de los que no perciben nada, está de nuevo a la orden del día y se ha agravado aún más con la actual crisis en los países occidentales. Nos hablan cada vez más de las pensiones como una deuda social difícil de pagar, al tiempo que airean el falso paralelismo juventud-innovación, vejez-decrepitud.

               La cámara de Vittorio De Sica fotografía la perplejidad de este hombre ante el desamparo social mientras mantiene su higiene, su compostura y aspecto elegante en medio de la miseria. Nos emociona cuando tiene que desprenderse de sus mejores libros y malvender su reloj de marca para intentar solventar el pago. Le acompañamos por los ajados escenarios imperiales cuando acude a los comedores colectivos de los pobres y nos compadecemos por esa vergüenza que duele cuando se atreve a pedirle dinero a un conocido que le rehuye y más cuando no se arriesga a pedírselo a un buen amigo, quizás por la duda de que a lo peor también se lo niegue. Es su dignidad como persona la que nos conmueve y su resistencia a tener que humillarse lo que celebramos como seres humanos.

               Hay grandes aciertos en el cuadro de personajes y de sus relaciones: el contraste entre los modales exquisitos y la dulzura de don Umberto con la rudeza e insensibilidad de la patrona de la pensión; el mundo de los mendigos y la opulencia de los burgueses; la bondad de la joven criada con el anciano que, en justa compensación, le aporta consejos prácticos para encauzar sus cándidos amores y la ayuda a salir del analfabetismo “porque de los ignorantes todo el mundo se aprovecha”. Capítulo aparte merece el vínculo con el animal protagonista, el inteligente Flike que me recuerda mucho a Bruno, el perrillo que acaba de adoptar mi hija Anjana.

               El tono dramático y la expresión poética de la película dibujan un cuadro de la sociedad y de la condición humana y erigen un conjunto de valores morales ligados al humanismo y a la denuncia crítica. Esta mirada se combina con algunas pinceladas de humor que, además de suavizar la dureza de la narración, logran estupendos resultados. Ejemplos de ellos son el pasmo del anciano ante algunas eficaces maneras de pedir limosna o las demostraciones picarescas de quien sabe engañar a las monjas con falsas beaterías para quedarse unos días de más en el hospital.

               Este anciano que lo ha perdido todo, convertido en un lastre del que el sistema quiere deshacerse, es el paradigma de la tristeza y la soledad salvo por una sola compañía, la de su perro. Flike le obliga sin tiranías a ejecutar rutinas necesarias y es el único que despierta su sonrisa y sus caricias. Muestra la capacidad que tienen las mascotas para el alivio de la pena y como aliciente e impulso vital. Quizás son las escenas de la perrera municipal las de mayor patetismo y creo que, junto con el final mismo del film, representan una conciencia animalista sensible, así que también en este aspecto De Sicca tiene un pensamiento avanzado.

               El perro no sólo le da alegría y cariño al anciano en su desamparo social y personal, sino que lo aleja de la desesperación fatal, de manera que es la responsabilidad de Umberto sobre la vida de Flike la que precisamente salva su propia vida.


               Una película comprometida que, con el brillo de la difícil sencillez y de la autenticidad, muestra una historia de supervivencia y un magnífico retrato de la dignidad humana.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

CIERRE DE LOS CINES GROUCHO ¡MENOS MADERA!

              
               Los cines Groucho de Santander han cerrado sus puertas el jueves 30 de octubre. Otra víctima de la crisis económica, la subida del IVA al 21 % y la insuficiencia de un público fiel, pero minoritario, para sostener la empresa. Tras diez años de andadura, la apuesta de José Pinar por un cine alternativo en el centro de nuestra ciudad, llega a su fin. ¡Qué pena! Nos había avisado varias veces; se quejaba amargamente y con fundamento de la competencia desleal y de la falta de ayudas institucionales. Y hace un año puso el cine en venta, sin resultado.
               Mi lamento no es sólo por un proyecto cultural que fracasa, otro más, es que con ello también perdemos todos.
               A partir de ahora se cierra un circuito europeo que nos daba la ocasión de presenciar un tipo de cine de producción modesta, pero al que han acudido grandes directores y magníficos intérpretes. En su programación hemos visto algunas de las mejores películas de los últimos años. Lo cierto es que se nos va a acabar en gran parte el cine de autor y la mirada crítica, que casi siempre está en las antípodas del cine comercial.
               A los Groucho hemos acudido durante todos estos años con la ilusión del estreno de las nominaciones y los premios de los mejores Festivales europeos: Berlinale, Cannes, Venecia, San Sebastián, Sundance, Seminci, Málaga. Hemos disfrutado películas excelentes, muchas de las cuales no han llegado a estrenarse, nunca, en otras salas. Enumero algunas de ellas por si se os presenta la coyuntura de verlas. Desde clásicos modernos como Adiós, muchachos de Louis Malle a las de tipo documental como Hanna Arendt de Margarethe von Trotta. Un cine europeo que nos ha dejado la huella indeleble de su belleza y de su testimonio como La cinta blanca y Amor de Michael Haneke, En la casa de François Ozon o La herida  de Fernando Franco. También acertadas coproducciones entre países europeos, La caza de Thomas Vinterberg (Dinamarca y Suecia) y de éstos con los de ámbitos más lejanos, este es el caso de La bicicleta verde de la directora Haifaa Al-Mansour (Arabia Saudí y Alemania). Y hemos descubierto cineastas más exóticos con filmes extraordinarios que nunca se pasarán en los locales de la rumia de palomitas y el sorbido de colas: El Havre del finlandés Aki Kaurismaki, De tal padre, tal hijo del japonés Hirokazu Kore-eda o Una vida sencilla de la china Ann Hui. Se nos aleja el buen cine con el que nos identificamos, el que nos refleja en su espejo o nos revela nuestras facetas más desconocidas. El que es siempre un placer y un  aprendizaje. Perdemos otra oportunidad la minoría, que no somos capaces de sostenerlo, y se quedan sin descubrirlo la mayoría, que todavía no saben que existe. Cada vez más solos, cada vez más incultos. Menos madera para nuestras ansias artísticas.

               ¿Para qué seguir este réquiem? Los cines con el nombre de Groucho Marx, que representa el humor ingenioso o corrosivo de quien dice lo que no es habitual escuchar, han perecido por falta de apoyo. Perdonen que no me levante.

lunes, 17 de marzo de 2014

MILLER Arthur, “Las brujas de Salem”


(Personal y BUC 820-2 MIL, A bru)

            Es una sorpresa agradable releer una obra y experimentar el mismo o mayor placer que la primera vez. No ocurre con la frecuencia que uno desearía, tal vez sea por las mayores exigencias como lector, quizás por tener más experiencia o porque la vida te cambia los intereses y las expectativas; o por todo junto. Cuando se trata de una obra de teatro, género que no abunda en textos ni en lectores, las ganas de compartir son mayores. Éste es el caso.

            El gran dramaturgo neoyorquino Arthur Miller (1915-2005), publicó esta obra en 1953. Lo más espantoso de este drama tremendo es que está basado en un hecho histórico ocurrido en el pueblo de Salem, Massachussets, en el año 1692.

            Su título original fue “The Crucible” (El crisol). La concibió también para ser leída, sin que ello le reste, en mi opinión personal, ni un decibelio de su enorme efectividad dramática. En los comentarios que inserta a modo de extensas acotaciones, sin citar expresamente al senador McCarthy y su “Comisión de Actividades Antiamericanas”, de la que el mismo Miller fue víctima, establece un paralelismo entre aquella lejana época y su actualidad, entre aquellos “juicios de Dios” y la “caza de brujas” emprendida en la década del 50. Nos comenta: en Norteamérica, las personas que no participan de las opiniones reaccionarias están expuestas a la “acusación de alianza con el infierno rojo”, mientras que en los países comunistas, “toda resistencia es vinculada a los malignos súcubos capitalistas”.

            Efectivamente, las razones profundas de los terribles sucesos, en aquella comunidad de “colonos” cerrada en sí misma, no son otras que los efectos devastadores de la religiosidad intolerante y de la ignorancia de la gente, la capacidad destructiva del fanatismo y la superstición, la resistencia feroz a la discrepancia y a las ideas propias para mantener determinados privilegios. Es decir, en el crisol del poder despótico, todo avance de la libertad se funde, sucumbe, debido al fuego de la exclusión y la represión de quienes se sienten poseedores de una verdad absoluta. Entonces y ahora, la misma historia.

            El diálogo dramático, de notable calidad literaria, avanza fluido en una creciente tensión que se encarna en 19 personajes, bien caracterizados todos ellos. El protagonismo en relación con la temática y la acción corresponde especialmente a Abigail, John Proctor, Elisabeth Proctor, el Reverendo Hale, el juez Hathorne, el Reverendo Parris y la sirvienta Mary:
            Abigail es el factótum de la locura colectiva, actúa por despecho amoroso y por venganza, sin escrúpulos ni límites para destruir a inocentes y alcanzar su objetivo.
            John Proctor representa la independencia y la racionalidad. Es un personaje que evoluciona de forma verosímil y su dignidad final ante el tribunal eclesiástico resulta emocionante. Está dispuesto a humillarse y mentir para salvar la vida, pero de ningún modo a traicionar a los inocentes ni a que su nombre se vea mancillado por los fanáticos. Junto con su esposa Elisabeth, desarrolla un desenlace de tono muy alto y gran carga dramática, uno de los mayores méritos de la obra.    
            El Reverendo Hale es otro de los personajes que también modifica su actitud a lo largo de la obra. Transita, desde la pura sinrazón para mantener su posición hasta el intento de salvarle la vida a  Proctor, pero, y esto es importante, desde la falsedad y la imposición del dogma religioso.
            El juez Hathorne, como el Comisionado del Gobernador Danforth, simbolizan la máxima corrupción de la autoridad y su apego al poder, hasta el punto de que continúan los procesos judiciales y las ejecuciones a muerte cuando las acusaciones se demuestran como falsas.
            El Reverendo Parris encarna al representante de la Iglesia cuya principal preocupación es su prestigio personal, su situación social y las prebendas del cargo o la falta de ellas. Como los otros eclesiásticos, no expresa sentimientos piadosos de ninguna clase sino soberbia, ostentación y afán de poder  sobre todos y cada uno de los miembros de la parroquia, de modo que hasta lleva la cuenta estricta de quien asiste o no a misa.
            La sirvienta Mary es un personaje secundario pero crucial, porque pone en evidencia las debilidades y defectos de John Proctor, que no es precisamente un modelo heroico, lo que le humaniza y agranda el valor de su postura final. También es un exponente del delirio y las alucinaciones contagiosas de las jóvenes que terminan por creer de verdad su propia invención de estar poseídas por el demonio y, finalmente, encarna el terror insuperable hacia Abigail, la autora de los embustes y las acusaciones fraudulentas.

            En el sentido primordial de la obra destaca el fanatismo institucional que representa la Iglesia. Todo lo que está fuera de ella es falso, hay que eliminarlo; por demás cualesquiera otras creencias como las de Títuba, originaria de Barbados (eso es “magia negra”). Su dogma encarna la verdad absoluta. Representa la luz y quien no la ve es arrojado a las tinieblas.

            Sus tribunales de justicia son la expresión máxima de la injusticia y la arbitrariedad: estás conmigo o estás contra mí. La lógica es pérfida: los argumentos no sirven para nada, por el contrario se vuelven en contra del reo indefenso. Las acusadas de “brujas” son ahorcadas si no confiesan que son brujas, sin ninguna prueba. La ley de Dios no admite ninguna clemencia, porque eso la debilitaría y el castigo tiene que ser implacable y perfecto. El personaje del diablo es esencial en los procesos inquisitoriales de esta obra: la extrema inteligencia del maligno explica para los guardianes de la “verdadera” religión las acusaciones más disparatadas, muchas de las cuales, no hay que olvidarlo, escondían la lucha por las tierras, la codicia de algunos y antiguos pleitos entre los colonos.
      
            Es el retrato de una sociedad teocrática y perversa. Para no olvidarnos de su fisonomía y sus raíces, bien conocidas en nuestra historia de Torquemadas y Roucos, y que tan fácilmente prenden también en otras latitudes, viene bien acercase a este clásico contemporáneo, muy representado en los escenarios, como el montaje dirigido por Pedro Amalio López en 1965 (hoy felizmente se puede ver por Internet, como todos los emitidos en el programa de TV “Estudio 1”). Asimismo, ha sido llevado al cine. Entre otras versiones: “Las brujas de Salem” de Joseph Targent, 2006, vídeo disponible en la BUC.

            La siguiente cita muestra a las claras la actitud implacable de los jueces para ejecutar la ley de Dios y sus castigos públicos ejemplares:

            Danforth.- “No atenderé ni un pedido de perdón o de postergación. Aquellos que no confiesen serán colgados. Doce ya han sido ejecutados; los nombres de estos siete se han publicado y el pueblo espera verlos morir esta mañana. Una postergación ahora indicaría un tropiezo de mi parte; una suspensión o el perdón deben provocar la duda sobre la culpabilidad de aquellos que murieron  hasta ahora. Mientras yo sea intérprete de la ley de Dios, no quebraré su voz con plañidos. Si lo que teméis son represalias, sabed esto…: haría colgar a diez mil que se atreviesen a levantarse contra la ley  y todo un océano de amargas lágrimas no podría ahogar la resolución de los códigos. Erguíos, pues como hombres y ayudadme, como tenéis la obligación  de hacerlo por mandato  del Cielo.”